Megaesófago en gatos: causa, síntomas y tratamiento


Megaesófago en gatos: ¿que es? Cuáles son las causas, síntomas y tratamiento de esta patología de nuestro felino.

gato enfermo

(Foto de Adobe Stock)

El megaesófago es un trastorno que rara vez afecta al gato y mucho más al perro. La única raza de gato más predispuesta a esta patología es el siamés. El megaesófago en el gato puede ser congénito o secundarioadquirido) debido a una variedad de enfermedades que causan disfunción neuromuscular, o puede manifestarse como un trastorno primario cuya causa se desconoce (idiopática). Es importante destacar que en el megaesófago de naturaleza congénita, es fundamental excluir a los sujetos de la reproducción para evitar la posible transmisión de la patología.

Causa del megaesófago en los gatos

El megaesófago en los gatos es una condición que consiste en poca o ninguna capacidad para mover el esófago (cuya función es llevar agua y alimentos desde la garganta hasta el estómago). De esta manera, el camino por el que deben pasar los alimentos para llegar al estómago se vuelve difícil y puede regurgitarse.

El megaesófago en los gatos puede estar presente al nacer y manifestarse inmediatamente después del destete y se desconoce la causa; en cambio, cuando el trastorno es secundario a anomalías neuromusculares, las principales causas son la disautonomía felina y la hernia hiatal.

Síntomas

vómitos del gato
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En el megaesófago de los gatos pueden presentar diferentes síntomas por ejemplo:

  • regurgitación de comida y agua;
  • olor a mal aliento;
  • temperatura;
  • tos en gatos;
  • secreción nasal;
  • salivación;
  • dificultad para tragar
  • dificultades respiratorias causadas por neumonía secundaria;
  • pérdida de peso;
  • mala condición física.

En las causas secundarias de megaesófago en gatos pueden presentarse en este caso otros síntomas más específicos de la patología de base, por ejemplo:

  • en intoxicación por plomo: anorexia, vómitos, cólicos, diarrea alternando con períodos de estreñimiento y convulsiones;
  • en intoxicaciones por plaguicidas: dificultad para tragar, temblores, sialorrea, broncoconstricción, parálisis de los músculos estriados, inapetencia, miosis, rigidez de las extremidades por inhibición de colinesterasas, artritis y poliartritis, alteraciones de la coagulación sanguínea (trombocitopenia) y anemia, manifestaciones relacionadas de la piel en el LES (trastorno del sistema inmunológico con sobreproducción de anticuerpos);
  • en la enfermedad de Addison (insuficiencia suprarrenal): anorexia, vómitos en gatos, debilidad, deshidratación y alteraciones en el equilibrio hídrico y electrolítico;
  • dolor muscular y cambios en la marcha en la polimiositis (miopatías inflamatorias asociadas con trastornos de la piel o dermatomiositis).

Teniendo en cuenta que la mayoría de las causas del megaesófago en los gatos no se pueden prevenir, es importante prestar mucha atención tanto al entorno que rodea al animal como al propio gato, tratando de mantenerlo alejado de cualquier peligro.

Diagnóstico y tratamiento del megaesófago en gatos

gato al veterinario
(Foto de Adobe Stock)

Para establecer una diagnóstico megaesófago corregido en el gato, el veterinario necesita conocer la historia previa del animal y cualquier síntoma que el felino haya mostrado antes de la visita. Todo esto es muy importante y, a menudo, fundamental para la evaluación del estado del gato. A continuación, procederá a realizar algunas pruebas diagnósticas específicas necesarias para confirmar un diagnóstico, como por ejemplo:

  • análisis de orina;
  • análisis de sangre;
  • valores de anticuerpos contra el receptor de acetilcolina
  • niveles de plomo en sangre
  • radiografías de tórax del gato.

Una vez que se establece el diagnóstico, el veterinario puede proceder con la tratamiento para tratar la enfermedad subyacente o sus causas, utilizando:

  • antibióticos y líquidos (en casos de neumonía causada por megaesófago);
  • medicamentos que ayudan a la motilidad gastrointestinal para evitar la mala absorción, el estreñimiento o la diarrea en los gatos.

En el caso del megaesófago idiopático, es decir, cuando se desconoce la patología subyacente y la terapia no es factible, es posible ayudar al gato tratando de ofrecer pequeñas porciones de comida o alimentos líquidos que llegan con mayor facilidad al estómago, preservando al máximo la absorción de nutrientes.

A continuación, manteniendo al gato en posición vertical después de cada comida, para facilitar el vaciado del esófago. En los casos más graves y severos es posible alimentar al animal mediante el uso de sondas gástricas asociado con la fluidoterapia. Para intentar reducir el riesgo de aspiración de comida o vómitos a los pulmones, es fundamental seguir estrictamente las instrucciones dadas por el veterinario, en cuanto a la alimentación del gato y la administración de los medicamentos prescritos.

En cuanto al pronóstico, sigue siendo bastante relativo ya que algunos sujetos pueden estar asintomáticos o presentar síntomas leves aunque sea por períodos prolongados, mientras que otros presentan una situación clínica grave como para tener que plantearse la eutanasia.

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Raffaella Lauretta